Seguimiento y Administración de Campañas Políticas (SACP) es el nombre de la más reciente herramienta tecnológica de la que se puede valer un político moderno. Es un software de computador que permite almacenar en una base de datos toda la información de la que depende el éxito de un buen candidato: su impacto publicitario y en la opinión pública, las mediciones electorales, las agendas pública y privada, las giras urbanas y rurales, los planes de gobierno, los discursos y hasta el organigrama de su movimiento político.
El paquete incluye la investigación, el desarrollo de la campaña y la "prospectiva estratégica". Se basa en seis pasos, que el aspirante debe cumplir al pie de la letra si quiere que el disco duro de su computador portátil marque la diferencia a la hora de las votaciones y del conteo de votos en las urnas.
El programa es claro: 1. Como si se tratara de un psicólogo, lo primero que hace es sentar a su cliente en su sofá para que le cuente detalles sobre su vida profesional y personal. 2. Hace una investigación sobre la percepción que tiene la opinión pública del personaje. 3. Analiza detenidamente las propuestas con el fin de establecer si son viables de acuerdo con el momento político. 4. Le estructura una estrategia general (incluye cuatro asesores externos y máximo tres de la campaña del postulante). 5. Estudia cada uno de los escenarios en los cuales se base la campaña: la paz, la guerra o la economía. 6. Estructura las estrategias de comunicación y publicidad. La ñapa es el libro Cómo gritar para que voten por mí, con 20 pautas para la organización de una campaña política.
El inventor de este kit electoral siglo XXI es el publicista Germán Medina, quien con su empresa Medina y Asociados completa 15 años de experiencia en la asesoría de 150 campañas para aspirantes a todo tipo de cargos públicos, desde Presidente de la República hasta alcalde, pasando por senador y representante a la Cámara. Con el SACP su mercado se ha diversificado a tal punto que está en negociaciones para trabajar con Óscar Arias, candidato a la presidencia de Costa Rica, con un candidato a la Alcaldía del Distrito Federal de México y otros de Venezuela y Ecuador. No importa si el cliente es liberal, conservador, de izquierda o derecha, él está abierto a todo tipo de ideologías.
Entre los interesados están Óscar Arias, de Costa Rica, y candidatos de México, Venezuela y Ecuador |
En Colombia ha trabajado con cuatro candidatos presidenciales, dos de ellos han llegado al poder (César Gaviria y Ernesto Samper) y dos no (Noemí Sanín y Horacio Serpa). Según él, el software político no era tan determinante como lo es ahora.
Todavía no ha definido con quién trabajará para las elecciones presidenciales del 2006, debido a la incertidumbre política que genera la espera mientras la Corte Constitucional decide si va a haber reelección presidencial o no.
Sin embargo, Medina es cercano a Álvaro Uribe, ya que trabajó con él en sus campañas al Senado y a la Gobernación de Antioquia. Además, es el creador de la imagen del movimiento prouribista Patria Nueva, que lideran Óscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos.
¿Cuánto cuesta su arma estratégica? Medina calcula que la inversión total de una campaña presidencial puede estar en el orden de los 20 mil millones de pesos y los honorarios por ofrecer el paquete integral, corresponden al 5% de esta cifra. Las tarifas varían. El servicio para una campaña a alcaldías como las de Bogotá o Medellín (asesoró a Enrique Peñalosa y a Sergio Fajardo) puede costar unos 200 millones de pesos y para ciudades intermedias 120 millones.
Un lucrativo trabajo que no se imaginaba cuando era niño y sólo soñaba con ser presidente, oyendo los discursos de Laureano Gómez y Jorge Eliécer Gaitán.
Apenas cuando entró a la Universidad Javeriana a estudiar Derecho, se dio cuenta de que ya no quería ser jefe de Estado sino asesor presidencial. Buen negocio.
Una campaña presidencial cuesta $20 mil millones y una asesoría de este tipo
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